Lucky strike
Un día cualquiera la suerte decide ponerse de tu parte, incluso te da unas cuantas palmaditas en la espalda, animándote. En vez de alegrarse, el pesimista se queda extrañado y piensa que debe haber algún truco, que no puede estar todo bien...Pero es real, sucede, a veces lo bueno le pasa a uno.
Será complicado olvidar el pasado viernes: El nerviosismo extremo de la espera en el hall de aquel hotel, el mirar a la otra chica que esperaba, perfecta en un traje negro y tacón de aguja, maquillada y peinada, el mirarme (mi blusón nuevo, mis vaqueros, botas, cazadora, mi recogido informal y mi carpeta de plástico en la mesa dejada junto al bolso-repleto-abierto).El momento en que te tienden la mano y crees que al levantarte vas a dar de cabeza en el suelo. Las preguntas cuyas respuestas salen a borbotones de tu boca, como si aquello lo llevaras haciendo desde siempre. La falta de protocolo apoyándote en la mesa y sosteniendo tu cabeza al hablar mientras gesticulas (que no es falta de educación, sino un intento extremo de no desmayarte). Cuando llega la alegría y ves algo en el rostro que te estudia que te dice que todo irá bien, y se despiden de ti con un gesto tan poco típico como tú.
Queda la espera, la pequeña duda de siempre de si finalmente el teléfono sonará. No obstante no dejas de saber, en lo más hondo, que algo bueno espera al final del camino. Esta vez sí.
